Dormir bien no es un lujo, sino una necesidad básica para la salud. Sin embargo, en España los trastornos del sueño se han convertido en una auténtica epidemia silenciosa. Según datos de la Sociedad Española de Neurología, más de cuatro millones de españoles sufren algún problema grave de descanso, y la cifra podría ser aún mayor si se tiene en cuenta el elevado infradiagnóstico que existe. La falta de sueño de calidad no solo provoca cansancio e irritabilidad, sino que se relaciona directamente con enfermedades cardiovasculares, metabólicas y neurodegenerativas.
Recientes campañas de concienciación y estudios clínicos han puesto el foco en dos grupos especialmente vulnerables: los niños con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y los adultos que padecen apnea obstructiva del sueño. Ambos colectivos comparten un denominador común: la dificultad para conciliar un descanso reparador y la necesidad de intervenciones personalizadas que van más allá de los fármacos.
El vínculo entre el TDAH infantil y los trastornos del sueño

La relación entre el TDAH y el sueño es bidireccional y mucho más estrecha de lo que se pensaba. La doctora Milagros Merino, neurofisióloga clínica y miembro del grupo de trabajo de Pediatría de la Sociedad Española de Sueño, explica que entre el 50% y el 75% de los niños con TDAH presentan problemas de sueño, una incidencia cinco veces superior a la de la población neurotípica. Los problemas para conciliar el sueño afectan hasta al 70% de estos menores, mientras que un tercio ronca o sufre apneas durante la noche, y hasta un 20% presenta síntomas de piernas inquietas, diez veces más que en niños sin TDAH.
Merino destaca que estos trastornos suelen aparecer mucho antes del diagnóstico del TDAH, lo que los convierte en un motivo de consulta precoz. Además, la falta de sueño agrava los síntomas diurnos: los niños se muestran más inquietos, irritables y con dificultades de atención. La corteza prefrontal, que actúa como un freno, es especialmente sensible a la privación de sueño, y en los niños se produce una hiperactivación paradójica que los lleva a estar aparentemente desinhibidos. Por eso, los especialistas recomiendan descartar siempre un trastorno de sueño antes de atribuir estos síntomas al TDAH, analizando cómo influye la falta de sueño en la memoria y la concentración.
La apnea del sueño: un problema infradiagnosticado en España

La apnea obstructiva del sueño (AOS) es otro de los grandes desafíos sanitarios. La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) ha concluido recientemente su campaña ‘Sleep on the Road’, que recorrió 17 ciudades españolas y evaluó a más de 1.400 personas. Los resultados son reveladores: uno de cada tres ciudadanos evaluados presenta apneas observadas y solo el 37% tiene un riesgo bajo de padecer AOS. El 35% mostró un riesgo elevado, lo que confirma el enorme infradiagnóstico de esta enfermedad, especialmente en los trastornos del sueño en personas mayores.
Los síntomas más frecuentes detectados fueron los ronquidos (629 personas), el cansancio o la somnolencia diurna (573) y las apneas observadas (331). Además, el tiempo medio de descanso registrado fue de solo 6,2 horas diarias, muy por debajo de las 7-8 horas recomendadas. La apnea no solo afecta a adultos, también a niños con TDAH, como señala la doctora Merino, y su detección temprana es clave para prevenir complicaciones cardiovasculares, hipertensión y problemas metabólicos.
Claves para mejorar la higiene del sueño

Ante esta realidad, los expertos insisten en que la higiene del sueño es el primer paso para recuperar un descanso de calidad. El doctor Javier Albares, neurofisiólogo y director de una unidad del sueño en Barcelona, recomienda prestar atención a las horas previas al descanso. Evitar el sedentarismo y buscar la luz natural durante el día son dos pilares fundamentales. Albares aconseja pasar al menos dos horas al aire libre para garantizar el contraste entre luz y oscuridad que necesita el reloj biológico.
Además, tanto Albares como Merino coinciden en la importancia de eliminar las pantallas (móvil, tablet, televisión) al menos dos horas antes de acostarse, mantener el dormitorio en completa oscuridad y establecer horarios fijos de sueño. La cena debe ser temprana y ligera, evitando carbohidratos y estimulantes como el café o las bebidas energéticas a partir de las cinco de la tarde. También desaconsejan las siestas prolongadas o tardías en niños mayores de cinco años.
La actividad física moderada durante el día y la gestión del estrés son otros factores que contribuyen a un sueño reparador. El sueño saludable es aquel que se adapta a las necesidades de cada persona, es eficiente, sin despertares frecuentes, y permite mantener la alerta durante la vigilia. Los especialistas subrayan que, en muchos casos, la terapia cognitivo-conductual y el uso de dispositivos como el CPAP en la apnea pueden ser más efectivos que la medicación.
Los trastornos del sueño no son una molestia menor, sino un problema de salud pública que requiere atención multidisciplinar. La combinación de un diagnóstico precoz, hábitos diurnos adecuados y tratamientos personalizados puede marcar la diferencia. Tanto la campaña de SEPAR como las recomendaciones de los neurofisiólogos apuntan en la misma dirección: priorizar el descanso es invertir en salud cerebral y calidad de vida. La evidencia es clara: dormir bien no es un capricho, es una necesidad.

