Los últimos datos sobre salud mental y consumo problemático de sustancias en España dibujan un panorama inquietante: tres de cada cuatro personas que acuden a tratamiento por adicciones presentan ansiedad severa, y un porcentaje muy elevado también convive con depresión intensa y pensamientos suicidas. Lejos de ser casos aislados, estas cifras apuntan a una relación estrecha y persistente entre los trastornos adictivos y el malestar psicológico grave.
La información, procedente del Observatorio de Proyecto Hombre, confirma que las adicciones y la salud mental forman un binomio inseparable que condiciona la evolución de los pacientes y complica notablemente los procesos terapéuticos. El impacto se deja sentir con fuerza en toda la red asistencial, pero es especialmente acusado en las mujeres, que llegan a los recursos con un deterioro emocional más profundo.
Un 75% de las personas en tratamiento arrastra ansiedad severa
Según los datos recopilados durante 2024, el 75,4% de las personas que inician tratamiento por conductas adictivas presenta sÃntomas de ansiedad severa. Se trata de niveles de angustia y nerviosismo que interfieren de forma significativa en la vida diaria, dificultan la adherencia a la terapia y aumentan el riesgo de abandonar el proceso de recuperación.
La problemática no se limita a la ansiedad: el 63,1% de las personas atendidas padece depresión severa, con cuadros que incluyen desesperanza, apatÃa y sensación de vacÃo persistente. Casi la mitad de los usuarios, un 46,3%, reconoce además haber tenido ideación suicida, lo que sitúa a este colectivo en una situación de altÃsimo riesgo.
Las cifras, que se enmarcan en el contexto español y europeo, refuerzan la idea de que el consumo problemático de sustancias y las adicciones conductuales suelen ir acompañados de un fuerte deterioro emocional. No se trata únicamente de dependencia al alcohol, a drogas ilegales o al juego, sino de un conjunto de dificultades psicológicas que se retroalimentan entre sÃ.
Esta coocurrencia, conocida en el ámbito clÃnico como patologÃa dual, implica que la persona no solo lucha contra la adicción, sino también contra un trastorno mental de base. La combinación multiplica la complejidad de los tratamientos, eleva la probabilidad de recaÃdas y dificulta la recuperación de una vida autónoma y estable.
Una brecha de género: mayor sufrimiento emocional en mujeres
El Observatorio de Proyecto Hombre pone el foco, además, en una realidad que preocupa cada vez más a los profesionales: la vulnerabilidad psicológica se expresa con mucha mayor crudeza en las mujeres que acuden a tratamiento por adicciones.
Los datos apuntan a que el 85% de las mujeres atendidas presenta ansiedad severa, un porcentaje claramente superior a la media general. Del mismo modo, el 78,1% de ellas sufre depresión severa y cerca de tres de cada cuatro (74,9%) arrastran problemas emocionales intensos, que incluyen dificultades para gestionar el estrés, el dolor emocional y las relaciones afectivas.
Estos números sugieren que las mujeres suelen llegar a los dispositivos especializados con un deterioro emocional más avanzado y con historias de vida marcadas por experiencias traumáticas, violencia o cargas de cuidado prolongadas. Todo ello favorece un sufrimiento psicológico más profundo y una mayor complejidad a la hora de diseñar intervenciones eficaces.
Desde la entidad se subraya que esta brecha de género obliga a incorporar de forma real una perspectiva especÃfica en los programas de rehabilitación. No basta con adaptar ligeramente los tratamientos: es necesario analizar cómo influyen los roles sociales, la discriminación, la violencia y la sobrecarga emocional en el desarrollo tanto de la adicción como de los trastornos mentales asociados.
En la práctica, esto significa que los equipos deben prestar atención a las necesidades concretas de las mujeres, incluyendo apoyo psicológico especializado, abordaje del trauma, acompañamiento social y un trabajo intenso con el entorno familiar y comunitario.
Salud mental y adicciones: dos problemas que caminan juntos
Los responsables de Proyecto Hombre insisten en un mensaje clave: no se puede seguir abordando la salud mental y las adicciones como compartimentos estancos. La experiencia de cuatro décadas de trabajo indica que ambos fenómenos suelen aparecer de manera simultánea y que afectarlos por separado conduce, en muchas ocasiones, a fracasos terapéuticos.
Manuel Muiños, presidente nacional de la Asociación, recuerda que detrás de cada diagnóstico hay una persona con una historia única, marcada por contextos familiares, laborales y sociales muy diversos. Por ello, el trabajo de los equipos pasa por acompañar desde una mirada integral, en la que los sÃntomas de la adicción y los problemas de salud mental se entiendan como piezas de un mismo rompecabezas.
Cuando una persona con un trastorno adictivo y un problema psicológico grave es derivada de un recurso a otro sin coordinación real, se produce lo que los expertos denominan «sÃndrome de la puerta equivocada». Es decir, la persona va encadenando citas y derivaciones entre centros de salud mental y dispositivos de adicciones sin recibir una respuesta completa a sus necesidades.
Este fenómeno genera frustración, abandono de los tratamientos y una sensación de desamparo que, en muchos casos, empuja a la persona a volver al consumo o a aislarse aún más. Evitar este laberinto burocrático y asistencial es uno de los grandes retos para los servicios públicos y las entidades del tercer sector en España y en otros paÃses europeos.
Los datos del Observatorio, con porcentajes tan elevados de ansiedad, depresión e ideación suicida entre quienes buscan ayuda, refuerzan la idea de que la coordinación entre los sistemas sanitario y social ya no es una opción, sino una necesidad urgente para reducir daños y ofrecer oportunidades reales de recuperación.
Un modelo biopsicosocial para evitar el «sÃndrome de la puerta equivocada»
Ante este escenario, Proyecto Hombre defiende con firmeza su modelo de intervención biopsicosocial, que lleva aplicando más de 40 años y que sitúa a la persona, y no solo al diagnóstico, en el centro de la atención.
Este enfoque se basa en equipos interdisciplinares que integran psicologÃa, psiquiatrÃa, medicina, trabajo social y acompañamiento familiar. El objetivo es abordar de manera conjunta las distintas dimensiones que influyen en la adicción y en la salud mental: desde los factores biológicos hasta los condicionantes sociales y relacionales.
En lugar de limitarse a tratar los sÃntomas de la abstinencia o a recetar medicación para la ansiedad o la depresión, este modelo busca comprender qué hay detrás del consumo, qué heridas emocionales arrastra la persona, qué apoyos tiene a su alrededor y qué cambios necesita en su entorno para poder estabilizarse.
Pedro Pedrero, presidente de la Comisión Nacional de Tratamiento de la entidad, resume la filosofÃa del programa con un mensaje claro: «lo que va junto, debe tratarse junto». Si la adicción y el trastorno mental aparecen entrelazados, no tiene sentido que los servicios actúen como si fueran dos problemas independientes o sucesivos.
Con este planteamiento, se intenta evitar precisamente el «sÃndrome de la puerta equivocada», en el que la persona es enviada de un recurso a otro sin encontrar un espacio donde se aborde su realidad de forma completa. El modelo biopsicosocial aspira a ser ese lugar de referencia, capaz de coordinarse con la red sanitaria pública y con otros servicios sociales para construir un itinerario coherente de recuperación.
La campaña «Hay Proyecto»: visibilizar, sensibilizar y ofrecer salida
Para dar a conocer esta realidad y animar a pedir ayuda antes de que la situación se agrave, la organización ha puesto en marcha la campaña «Salud Mental y Adicciones: Hay Proyecto». La iniciativa quiere trasladar un mensaje doble: por un lado, advertir sobre la fuerte conexión entre adicciones y malestar psicológico, y por otro, subrayar que existen recursos y acompañamiento profesional.
La campaña incide en la idea de que es imprescindible mirar a la persona más allá del diagnóstico, escuchando su historia, sus miedos y sus apoyos, y adaptando las respuestas a su contexto vital. No se trata solo de ofrecer una plaza de tratamiento, sino de ajustar los programas a las particularidades de cada individuo, especialmente cuando hay patologÃa dual.
Elena Presencio, directora general de Proyecto Hombre, destaca la importancia de reforzar la coordinación entre el sistema sanitario y el sistema social para que las personas con problemas de adicción y trastornos mentales no queden atrapadas en una red desorganizada de recursos. La meta es construir circuitos claros y ágiles, en los que la persona sepa a dónde dirigirse y reciba respuestas acordes a la complejidad de su situación.
La campaña «Hay Proyecto» pretende también sensibilizar a la sociedad sobre la necesidad de pedir ayuda a tiempo. Muchas personas retrasan su consulta por miedo al estigma, por desconocimiento o por pensar que deben «poder solas». Sin embargo, los datos de ansiedad severa, depresión e ideación suicida evidencian que esperar demasiado puede agudizar el sufrimiento y complicar aún más el proceso de recuperación.
Con acciones de comunicación, testimonios y materiales divulgativos, la organización busca posicionarse como referente en el abordaje conjunto de las adicciones y la salud mental, mostrando que el tratamiento integral es posible y que, con apoyos adecuados, es factible reconstruir proyectos de vida que parecÃan desmoronados.
La radiografÃa que ofrecen los últimos informes deja claro que la mayorÃa de las personas que buscan ayuda por una adicción arrastran una carga emocional enorme, especialmente las mujeres, y que la ansiedad severa, la depresión intensa y los pensamientos suicidas forman parte habitual de este escenario. Lejos de justificar el alarmismo, estos datos apuntan a la urgencia de reforzar modelos de intervención integrales, coordinados y con perspectiva de género, capaces de atender a la persona en toda su complejidad y de ofrecerle un camino realista hacia la recuperación.