Antes de contarte cuál es esta nueva manera de meditar que he encontrado, permite que ponga en contexto este descubrimiento.
Lo estoy pasando mal. No hay que negarlo ni me apetece ocultarlo.
Este blog nació hace tiempo como resultado de una racha mala que estaba pasando. Fruto de esa racha mala surgió esta manera de obtener ingresos y de paso ayudar a más personas.
He escrito artículos traducidos de otras páginas en inglés aunque también es verdad que he escrito posts con pensamientos y reflexiones mías.
Ahora voy a intentar darle un cambio a este blog.
Voy a empezar a escribir solo lo que me apetezca y que crea que aporte a la audiencia algo significativo que pueda mejorar su vida.
En cierto modo, ya empecé ayer. Investigando en blogs americanos de desarrollo personal me encontré con un artículo muy recurrente en muchos de ellos titulado «Carta de amor a mí mismo». Lo que pasa que esta vez no traducí ningún artículo (hay pequeñas partes que sí). El 95 % de esa carta es propia. La puedes leer aquí.
Eso fue el comienzo del cambio del blog.
Sin embargo, el día no había acabado. La escribí a la mañana.
Al final de la tarde, y después de unos 15.000 pasos andados (tengo un podómetro), me fui a relajarme al spá. Bueno, antes le llamaba relajarme, ahora le llamo meditar.
Cada vez que voy al spá medito. Es un lugar fantástico. Imaginaos algo parecido a la foto de abajo (aunque no tan elegante, jejeje).
En cuanto te metes en el agua calentita, tu mente y tu cuerpo cambian automáticamente. Los dolores que puedas tener desaparecen y tu mente entra en un estado de relajación brutal.
Hay unas tumbonas de acero inoxidable sumergidas a medio metro del agua. Te tumbas, le das a un botón y se convierten en unas hamacas-jacuzzi.
Cuando paran de soltar aire (burbujas), me doy la vuelta y ahí, sumergido en el agua caliente y acostado en la tumbona, comienzo a meditar.
¿Cómo medito?

Siempre me centro en el problema más grave que esté perturbando la mente ese día. Pienso de la siguiente manera:
– Ahora vamos a solucionar esto a nivel mental. El problema seguirá estando ahí cuando salga de la piscina pero ya no me afectará tanto a nivel mental.
La carta que escribí ayer ha cambiado mi estado mental.
Cuando escribes una carta de ese tipo, adoptas un rol paternal-maternal contigo mismo. Empiezas a hablarte como si fueras un niño pequeño al que hay que proteger y ofrecerle los mejores consejos para él. Consejos que saben que le van a servir para bien. Consejos que en la vida se te ocurrirían en un estado normal.
Sin embargo, ahí, en la tumbona del spá, empiezas a hablar con tu yo pequeño. Empiezas a darle consejos… y creedme, es mucho más terapéutico que la carta de ayer.
Así permanecí alrededor de 30 minutos. Una sesión de meditación en toda regla y, desde mi punto de vista, mucho más efectiva que las que se imparten en otros lugares.
Solo tienes que buscar ese sitio que te haga sentir bien o por lo menos que te relaje. Si es un sitio aislado mejor. Una vez que lo hayas encontrado, empieza a hablarle a tu yo pequeño. Que tu mente adopte el rol de padre-madre y empiece a darte los mejores consejos que ofrecería a un hijo/a que ama.
A mí me ha ayudado mucho… y lo bueno es que el efecto es duradero. Hoy me he levantado con este chip, mi mente paterna-materna me «habla» de vez en cuando y me guía por el buen camino.
Pruébalo y espero que te sea tan útil como lo está siendo para mí.
Beneficios y alcance de esta práctica

Más allá de la anécdota, la evidencia sugiere que la meditación aporta calma, paz y equilibrio. Puede ayudarte a gestionar el estrés, reducir pensamientos negativos, aumentar la autoconciencia y mejorar la paciencia y la creatividad. En muchas personas favorece el sueño reparador y parámetros fisiológicos en reposo como la respiración y la tensión.
Estos efectos no terminan cuando sales del agua o cierras los ojos: puedes llevar la atención plena a una reunión, al transporte público o a un paseo breve. Es una práctica accesible: no requiere equipamiento y se puede realizar en casi cualquier lugar.
Elementos esenciales para meditar en cualquier lugar

- Atención centrada: dirige tu foco a la respiración, un objeto o una imagen. Cuando la mente divague, vuelve con amabilidad.
- Respiración relajada: inspira y espira de forma lenta y profunda, usando el diafragma para ampliar los pulmones sin tensión en cuello y hombros.
- Entorno adecuado: si eres principiante, busca un lugar silencioso. Con práctica, podrás meditar también en entornos exigentes.
- Postura cómoda: sentado, tumbado, caminando o en el spá, prioriza la comodidad y la postura estable.
- Actitud abierta: permite que los pensamientos pasen sin juicio, como nubes en el cielo.
Otras prácticas complementarias que funcionan
Vipassana: una técnica clásica que invita a “ver las cosas tal como son”. Se practica con observación ecuánime de la respiración y las sensaciones corporales, sin apego ni rechazo. Ayuda a comprender tus patrones mentales y a soltar reactividad.
Formas cotidianas: puedes meditar caminando (presta atención a levantar-mover-apoyar), repetir un mantra, orar, leer y reflexionar textos inspiradores o cultivar amor y bondad hacia ti y los demás.
Artesanía consciente: actividades como cerámica, bordado, costura o pintura ofrecen movimientos repetitivos y táctiles que calman la mente, fomentan la presencia, la paciencia y la tolerancia a la frustración. En grupo, además, nutren la conexión social y un sentido de seguridad.
Tecnología y meditación: existen cápsulas tipo domo que combinan terapia de color, sonido y energía en sesiones breves (p. ej., 20 minutos). Algunas integran imanes diseñados para modular la exposición a frecuencias electromagnéticas. Suelen ofrecer programas preconfigurados para alcanzar diferentes estados mentales (alfa, beta, delta, gamma, theta).
Menú de sesiones representativo (4 categorías): Bienestar físico: Fitness, Sanación, Recargar, Relajación, Siesta. Rendimiento mental: Motivación, Creatividad, Enfoque, Superar, Éxito. Introspección: Ascender, Aspiración, Dicha, Claridad, Confianza. Atraer intenciones: Rendimiento, Amor, Manifestación, Prosperidad, Reclamar. Estas opciones buscan facilitar desde descanso profundo hasta enfoque y claridad, según tu objetivo.
Acompañamiento experto: hay profesionales que integran enfoques de comunicación no violenta, técnicas somáticas y trabajo con el trauma (por ejemplo, especialistas certificados en CNVC, Havening o NARM). Este tipo de guías pueden enriquecer tu práctica individual o en díadas.
Cuándo buscar guía profesional
La meditación es un gran aliado, pero no sustituye un tratamiento médico. Si tienes una condición clínica, especialmente de salud mental, consulta con tu profesional de confianza para valorar qué prácticas son adecuadas y cómo integrarlas. Si en algún momento notas que la práctica intensifica síntomas, reduce la dosis, elige modalidades más suaves y guiadas o pide apoyo.
Esta nueva forma de meditar —ese diálogo compasivo con tu “yo pequeño” en un entorno que te relaja— se potencia cuando la rodeas de hábitos inteligentes: atención a la respiración, espacios y posturas que te cuidan, alternativas como Vipassana, caminatas conscientes o artesanía, e incluso apoyo tecnológico y profesional cuando lo necesites. Lo importante es sostener una relación amable contigo y volver, una y otra vez, a ese lugar interno donde todo se calma.
