El sábado noche se presenció un excelente momento de fair play («juego limpio») en la Bundesliga alemana. Ocurrió en el partido entre el Nurnberg y el Werder Bremen.
El Werder Bremen ganaba 2-0 en la segunda mitad, cuando Aaron Hunt (jugador del Werder Bremen) se internó velozmente en el área de los visitantes y tropezó. El colegiado Manuel Gräfe señaló penalti al entender que hubo derribo y esto es lo que sucedió. Corría el minuto 74 de la segunda mitad:
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La acción nació en una incursión por la banda izquierda que terminó en un pase raso al corazón del área del Nurnberg. En carrera, Hunt atacó el balón y el defensor argentino Javier Pinola llegó al cruce; el mediocampista perdió el equilibrio y se deslizó sobre el césped, una caída que convenció al árbitro en primera instancia. Mientras los locales protestaban, Hunt —capitán del Werder Bremen— se levantó y se dirigió al colegiado para aclarar que no había falta y que no correspondía pena máxima.
Obviamente no había sido penalti puesto que no había habido ningún tipo de contacto por parte del defensor del Nurnberg. Aaron Hunt reaccionó de forma inmediata diciéndole al árbitro que no había sido penalti y el árbitro revocó su decisión. Algunas crónicas sitúan la acción en torno al minuto 75 y difieren en el reinicio: hubo quien habló de saque de puerta y quien mencionó un bote neutral; en cualquier caso, la señalización favorable quedó anulada y varios jugadores del Nurnberg felicitaron a Hunt por su gesto.
Por desgracia, nunca sabremos si la reacción de Aaron Hunt hubiera sido la misma si el marcador hubiera sido 0-0. Lo que sí quedó patente es que priorizó la deportividad por encima de la ventaja inmediata.
Un partido con voluntad de ayudar al colegiado
Y es que este partido estuvo marcado desde el inicio por la sana voluntad de todos los futbolistas de ayudar al colegiado. Ya en los primeros minutos de partido el japonés Hiroshi Kiyotake, del Nuremberg, admitió que fue el último en tocar el balón cuando el colegiado dudaba entre señalar saque de puerta o córner. Ese detalle allanó el camino para lo que más tarde sería un ejemplo mayor de fair play.
Por qué este gesto trascendió
Los aficionados están cada vez más habituados a reacciones exageradas y simulaciones que convierten contactos leves en sanciones severas mediante aspavientos y trucos extrafutbolísticos. De ahí la popularidad del dicho de que el fútbol es un juego de caballeros jugado por villanos. Frente a ese contexto, la decisión de Hunt de corregir al árbitro muestra que sí hay espacio para la honestidad incluso cuando perjudica al propio equipo, y que el respeto a las reglas puede imponerse a la picardía.
En cualquier caso es de agradecer a este jugador el extraordinario momento que se vio en el campo de fútbol. Ya podían los demás jugadores tomar nota y ser tan honrados como éste. El fútbol saldría ganando.
En un deporte para pillos, en el que muchos jugadores han pasado a la historia por sus ‘piscinazos’, Aaron Hunt demostró que todavía quedan caballeros en el mundo del fútbol.
Ser honrado tal como anda el mundo, equivale a ser un hombre escogido entre diez mil».
William Shakespeare, Escritor británico.
La escena permanece como referencia cada vez que se habla de juego limpio: una decisión arbitral rectificada gracias a la iniciativa del propio beneficiado y un estadio que reconoció el valor de decir la verdad sobre la inercia de ganar a cualquier precio.