Anfetaminas: qué son, tipos, efectos médicos, recreativos y tratamiento de la adicción

  • Las anfetaminas son estimulantes potentes del sistema nervioso central que aumentan dopamina y noradrenalina, mejorando la alerta y la atención pero con alto potencial de abuso.
  • Existen usos médicos controlados (TDAH, narcolepsia, obesidad seleccionada) y consumos recreativos ilegales asociados a euforia rápida, desinhibición y riesgo elevado de adicción.
  • El abuso provoca complicaciones cardiovasculares, neurológicas y psiquiátricas, además de tolerancia, dependencia física y psicológica y un síndrome de abstinencia intenso.
  • La recuperación requiere reconocimiento del problema, apoyo familiar, terapia psicológica (especialmente cognitivo-conductual) y, en casos graves, ingreso en unidades o programas residenciales especializados.

anfetaminas efectos y tipos

Entre las drogas existentes en el mundo, podemos encontrar las anfetaminas, las cuales son un potente estimulante del sistema nervioso central. Sus usos pueden ser tanto médicos, como recreativos o deportivos y entre las más conocidas podemos encontrar el metilfenidato, dexmetilfenidato, MDMA, fenproporex, dietilpropión, fentermina, benzfetamina y fendimetrazina. Todas ellas comparten la capacidad de aumentar la liberación de determinados neurotransmisores cerebrales y, con ello, producir efectos profundos en el estado de ánimo, la atención, la energía y el comportamiento.

¿Qué es la anfetamina?

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La anfetamina es un derivado químico de la efedrina, un alcaloide vegetal con propiedades simpaticomiméticas. Se trata de una amina simpaticomimética de acción central, es decir, una sustancia capaz de imitar parcialmente la acción de la adrenalina y la noradrenalina y, al mismo tiempo, atravesar con facilidad la barrera hematoencefálica para actuar directamente sobre el cerebro.

En su origen se observó que esta molécula era útil para tratar problemas de salud como la depresión, obesidad y narcolepsia, así como para mejorar la respiración gracias a su efecto broncodilatador. Sin embargo, con el tiempo se comprobó que también producía un marcado efecto estimulante del sistema nervioso central, lo que la convirtió en una sustancia con un gran potencial de abuso.

  • La efedrina fue sintetizada por primera vez por Lazăr Edeleanu, un químico rumano que denominó al compuesto fenilisopropilamina, sentando las bases de lo que hoy conocemos como anfetamina.
  • Su utilización se extendió en el ámbito militar, especialmente en la fuerza aérea, donde se empleaba para mantener a los pilotos en estado de alerta y reducir el cansancio durante largas misiones.
  • Posteriormente se empezó a comercializar, aprovechando propiedades como la dilatación de los bronquios, la contracción de los vasos sanguíneos y el aumento de la presión arterial, lo que la hizo útil en cuadros de asma y congestión nasal.
  • Se fueron desarrollando derivados como la metanfetamina y el metilfenidato, así como preparados farmacéuticos con diferentes combinaciones de isómeros (anfetamina racémica, dextroanfetamina, etc.), incrementando el uso médico pero también el abuso.
  • Debido al uso indiscriminado, a la falta de sistemas de farmacovigilancia adecuados y al notable potencial adictivo, la sustancia terminó siendo sometida a estricto control internacional.

Las anfetaminas se utilizan para mejorar el rendimiento físico e intelectual. En el ámbito deportivo se convirtieron en una de las primeras sustancias relacionadas con el doping deportivo, y en el plano cognitivo se han usado como una forma de dopaje intelectual para estudiar o trabajar más horas. En ambos casos su uso está prohibido fuera de indicaciones médicas estrictas por el riesgo para la salud y la clara ventaja injusta que confieren.

Estructura, clasificación y mecanismos de acción

Desde el punto de vista químico, las anfetaminas son fenetilaminas, moléculas emparentadas con la adrenalina y la noradrenalina. Presentan enantiómeros (formas dextrógira y levógira); la dextroanfetamina es la forma más activa a nivel del sistema nervioso central, mientras que la levoanfetamina tiene efectos más periféricos y menos marcados sobre la psique.

Su mecanismo de acción involucra principalmente a cuatro neurotransmisores clave:

A nivel sináptico, las anfetaminas:

  • Dopamina: importante en los circuitos de recompensa, motivación y movimiento.
  • Noradrenalina: relacionada con la alerta, la respuesta al estrés y la regulación cardiovascular.
  • Serotonina: influyente en el estado de ánimo, el apetito y el sueño.
  • Adrenalina: clave en la respuesta de lucha o huida, con efectos marcados en el corazón y los vasos sanguíneos.

A nivel sináptico, las anfetaminas:

  • Aumentan la liberación de dopamina, noradrenalina y serotonina desde las vesículas de almacenamiento de la neurona presináptica hacia el espacio sináptico.
  • Bloquean parcialmente la recaptación de estas monoaminas, al invertir el funcionamiento de sus transportadores (especialmente DAT, NET y, en menor medida, SERT).
  • Alteran el transportador vesicular de monoaminas (VMAT2), incrementando la cantidad de neurotransmisor libre en el citoplasma neuronal y disponible para su liberación.

Como resultado, se produce un aumento masivo de monoaminas en determinadas regiones del cerebro, lo que explica los efectos de alerta, reducción de la fatiga, euforia, aumento de la concentración y disminución del apetito. Sin embargo, a largo plazo, este funcionamiento forzado del sistema de monoaminas puede ocasionar depleción de dopamina y otros neurotransmisores, así como cambios adaptativos en los receptores que contribuyen a la tolerancia y la dependencia.

Tipos de anfetaminas

Se pueden conseguir muchos tipos de anfetaminas, sustancias incluidas entre las drogas sintéticas, tanto en el mercado legal (preparados farmacéuticos) como en el mercado ilegal (polvos y pastillas de origen clandestino) en la mayoría de países. Entre los tipos más habituales encontramos:

  • La anfetamina común, que suele llamarse speed, goey, elevadores y diversos nombres callejeros. Suele presentarse como polvo o pasta adulterada con otras sustancias (como cafeína).
  • Dextroanfetamina, disponible en farmacias en forma de medicamentos de prescripción. Es la forma utilizada, por ejemplo, en tratamientos de TDAH y narcolepsia en algunos países.
  • Metanfetamina, disponible en estado sólido y líquido. En estado sólido se conoce como whiz, cristal, vidrio, ice, base; en forma líquida recibe nombres como speed rojo o sangre de leopardo. Es más lipofílica que la anfetamina y penetra con mayor facilidad en el cerebro, por lo que sus efectos suelen ser más potentes y duraderos.

Según el tipo, es posible encontrarlas en diferentes presentaciones. Puede ser consumida mediante cápsulas y pastillas, pasta, polvo, líquido o cristal; de manera que es posible fumarla, inyectarla, inhalarla o tragarla. La vía de administración condiciona tanto la rapidez de inicio como la intensidad de los efectos y el riesgo asociado.

tipos de anfetaminas

Formas legales e ilegales de uso

Desde el punto de vista clínico, algunas anfetaminas y derivados cercanos se utilizan como medicamentos controlados:

  • Metilfenidato (Ritalin, Concerta y otros): aunque químicamente no es una anfetamina clásica, comparte mecanismo estimulante y se prescribe en el tratamiento del TDAH y algunos casos de narcolepsia.
  • Anfetamina/dextroanfetamina (sales mixtas): utilizadas en formulaciones que buscan un efecto más estable durante el día para el tratamiento del TDAH.
  • Lisdexanfetamina: una prodroga diseñada para liberar anfetamina de forma gradual, reduciendo el potencial de abuso rápido, y usada también para TDAH.
  • Anorexígenos anfetamínicos (como fentermina, clorfentermina o fenproporex): empleados en el tratamiento de la obesidad en contextos muy controlados, dada la importancia de vigilar sus efectos cardiovasculares y su potencial adictivo.

Fuera del ámbito médico, las anfetaminas se consumen de forma recreativa, generalmente en contextos de ocio nocturno, fiestas o para prolongar la actividad (trabajo, estudio, conducción prolongada). Este uso recreativo suele implicar:

  • Dosis mayores e incontroladas, con gran variabilidad de pureza.
  • Frecuentemente, mezcla con otras drogas como alcohol, cannabis, benzodiacepinas u otros estimulantes, lo que aumenta el riesgo de efectos adversos y consecuencias de las drogas.
  • Patrones de consumo en atracones (tomar repetidamente a lo largo de horas o días), dejando al organismo en un estado de agotamiento extremo.

¿Cuáles son los efectos en la medicina?

Cuando se utilizan correctamente, bajo supervisión médica y en dosis ajustadas, las anfetaminas pueden aportar beneficios terapéuticos importantes. Entre sus principales efectos clínicamente útiles encontramos:

  • Aumento de la concentración, atención y memoria (motivo por el que algunos individuos lo utilizan en el trabajo, ambientes ejecutivos y estudios). En personas con TDAH, ayudan a estabilizar la capacidad de atención y reducir la impulsividad.
  • Mantenimiento del estado de alerta, especialmente útil en narcolepsia y otros trastornos del sueño que cursan con somnolencia diurna excesiva.
  • Reducción de la impulsividad y mejora del autocontrol conductual, relevante en ciertos trastornos del neurodesarrollo.
  • Control del apetito, razón por la que se usan en algunos pacientes con obesidad seleccionados y bajo estrecho seguimiento médico.
  • Incremento de la actividad motriz y sensación de energía, que en contexto terapéutico puede traducirse en mayor capacidad para realizar actividades diarias, aunque en contextos recreativos se asocia a hiperactividad y sobreesfuerzo físico.
  • Modulación del metabolismo, con aumento del gasto energético y de la termogénesis, lo que favorece el uso de las reservas grasas.

Como se puede observar, muchos de los efectos de las anfetaminas pueden resultar positivos en determinados cuadros clínicos, por ello la medicina las utiliza en el tratamiento de diferentes problemas de salud. Sin embargo, estos mismos efectos —cuando se busca potenciarlos o prolongarlos más allá de lo que está indicado— hacen que muchas personas adquieran la droga de manera ilegal y la consuman de forma recreativa, lo cual puede desencadenar efectos negativos graves y la adicción o dependencia a la sustancia.

Efectos recreativos de la anfetamina

Cuando se consumen anfetaminas fuera de un marco terapéutico, con dosis elevadas o de forma esporádica pero intensa, los usuarios suelen buscar una serie de efectos subjetivos muy marcados:

  • Sensación de alegría o euforia, acompañada de sensación de bienestar y de “todo es posible”.
  • Desinhibición, lo que puede llevar a conductas de riesgo (conducción temeraria, prácticas sexuales sin protección, conflictos y agresiones).
  • Mayor seguridad en sí mismo, que puede derivar en comportamiento impulsivo o temerario.
  • Aumento de la sociabilidad y la energía, típico de entornos de fiesta y música electrónica, donde la resistencia al cansancio se incrementa de forma artificial.

Estos efectos pueden sentirse en diferentes períodos de tiempo según la vía de consumo:

  • Inyectada o fumada: los efectos son casi inmediatos, con una subida muy intensa y un potencial adictivo especialmente alto.
  • Inhalada (esnifada): suele tardar unos pocos minutos en hacer efecto, con una subida rápida pero algo menos abrupta que la vía fumada o inyectada.
  • Vía oral (pastillas o cápsulas): el inicio se da típicamente entre los 20 y 60 minutos, con un efecto más progresivo pero prolongado.

Aunque a corto plazo estos efectos pueden parecer deseables, se deben entender como el resultado de un sobreesfuerzo químico del cerebro. Una vez la sustancia se elimina, es frecuente experimentar un “bajón” caracterizado por cansancio extremo, tristeza, irritabilidad y una fuerte necesidad de volver a consumir, lo que alimenta el ciclo de la adicción.

¿Qué problemas de salud pueden ocasionar las anfetaminas?

efectos negativos de las anfetaminas

Los problemas aparecen principalmente cuando se abusa del consumo de la sustancia o se toman dosis distintas a las prescritas médicamente. Entre las complicaciones más frecuentes están:

  • Dificultad para recordar, pensar o dormir, con alteraciones cognitivas temporales que pueden hacerse persistentes si el consumo es prolongado.
  • Temblores y otros signos de activación motora sin causa aparente.
  • Pérdida de peso y menor apetito, que pueden traducirse en desnutrición, debilidad y problemas endocrinos.
  • Actitudes agresivas o violentas, con episodios de irritabilidad extrema y conductas de riesgo.
  • Problemas en la piel, asociados tanto a la toxicidad directa como a rascarse compulsivamente (excoriaciones, infecciones, heridas).
  • Problemas emocionales y trastornos psiquiátricos, como ansiedad, depresión, crisis de pánico y cuadros psicóticos (delirios, alucinaciones).

A nivel cardiovascular, las anfetaminas pueden causar hipertensión arterial, taquicardia, arritmias e incluso infartos o accidentes cerebrovasculares en personas vulnerables o con consumo elevado. A nivel neurológico, dosis altas pueden generar convulsiones, hipertermia y coma, configurando cuadros de intoxicación potencialmente mortales.

En caso de estar presentando alguno de estos problemas, es fundamental consultar a un médico de inmediato y suspender el uso de la sustancia, ya sea si el consumo está siendo realizado de manera terapéutica (para ajustar dosis o cambiar fármacos) o recreativa. El abordaje precoz reduce el riesgo de secuelas graves.

Adicción, tolerancia y síndrome de abstinencia

El otro problema grave de las anfetaminas es la adicción que puede ocasionar. Aunque la probabilidad de desarrollar dependencia es menor cuando se usan bajo estricto control médico y en dosis adecuadas, el riesgo nunca es nulo, y aumenta de forma notable cuando se consumen con fines recreativos o en combinación con otras drogas.

  • Adicción a la anfetamina: aparece cuando se utiliza como “droga” para mejorar el rendimiento o disfrutar de sus efectos placenteros. El organismo desarrolla tolerancia, lo que significa que con el tiempo se necesitan dosis más altas para obtener los mismos efectos. Esta escalada incrementa de forma exponencial el riesgo de complicaciones médicas.
  • Dependencia física y psicológica: el individuo siente que la sustancia es necesaria para poder funcionar, estudiar, trabajar, relacionarse o sentirse bien. La vida diaria comienza a organizarse en torno al consumo y a la búsqueda de la droga.
  • Síndrome de abstinencia: al dejar de consumir tras un periodo prolongado, pueden aparecer síntomas como fatiga intensa, hipersomnia o insomnio, ansiedad, depresión, irritabilidad, anhedonia (incapacidad para disfrutar), ideas suicidas en casos graves y un intenso deseo de volver a consumir (craving).

Desde el punto de vista neurobiológico, la abstinencia se relaciona con una disminución de dopamina y posibles alteraciones en circuitos cerebrales de recompensa y control de impulsos, lo que explica por qué algunas personas se sienten “vacías” o “apagadas” durante semanas. Aunque estos cambios pueden ser en parte reversibles con el tiempo y el tratamiento adecuado, es frecuente que durante este periodo el riesgo de recaída sea elevado.

¿Cómo dejar la anfetamina con tratamiento?

Dependiendo del grado de adicción, la presencia de otras sustancias consumidas, el apoyo social y el estado de salud mental y física del paciente, puede ser más sencillo o más complicado abandonar el consumo de la anfetamina. Sin embargo, un elemento es siempre imprescindible: el reconocimiento del problema por parte de la persona afectada.

  • Una vez se es consciente de la adicción, se necesitan terapias psicológicas que permitan orientar al paciente, identificar los factores que le llevaron a consumir y desarrollar estrategias para vivir sin la droga. Las intervenciones basadas en terapia cognitivo-conductual han demostrado ser útiles para trabajar los pensamientos automáticos, las conductas de riesgo y la prevención de recaídas.
  • Es necesario que el individuo sepa que está rodeado de personas dispuestas a ayudarle, por lo que la familia y amigos pueden ser involucrados en algunas sesiones. La terapia familiar o las intervenciones con la pareja ayudan a mejorar la comunicación, establecer límites saludables y crear un entorno de apoyo.
  • Cuando los síntomas de abstinencia son especialmente intensos (depresión severa, riesgo de suicidio, psicosis, agresividad extrema, hipertermia, convulsiones), lo más seguro es ingresar al paciente en un programa de tratamiento residencial o una unidad hospitalaria especializada. En estos recursos se puede supervisar de forma continua la salud física y mental mientras se supera la fase aguda.

En el tratamiento de una posible sobredosis de anfetaminas, el abordaje suele incluir:

  • Observación y monitorización médica continua hasta que la persona esté estable.
  • Uso de sedantes (como benzodiacepinas) para controlar la agitación, la ansiedad extrema, la hipertensión grave o las convulsiones.
  • Administración de fármacos antihipertensivos en caso de presión arterial muy elevada.
  • Medidas de enfriamiento si existe hipertermia (temperatura corporal peligrosamente alta), mediante mantas especiales o técnicas de enfriamiento físico.
  • Valoración y tratamiento de la depresión y de las ideas suicidas durante el periodo de abstinencia, que en ocasiones requiere ingreso psiquiátrico.

En etapas posteriores, la rehabilitación se centra en:

  • Psicoterapia individual y grupal para trabajar hábitos de vida saludables, gestión del estrés y regulación emocional.
  • Desarrollo de redes de apoyo (familia, grupos de ayuda mutua, asociaciones) que reduzcan el aislamiento y ofrezcan contención ante las recaídas.
  • Revisión y tratamiento de otros trastornos mentales coexistentes (ansiedad, trastorno bipolar, psicosis, TDAH, trastornos de la personalidad), ya que ignorarlos aumenta el riesgo de volver al consumo.

Cuando la adicción se aborda en centros especializados en trastornos adictivos, es habitual que el tratamiento incluya elementos como terapias grupales diarias, terapias individuales con pacientes y familiares, talleres de crecimiento personal, cinefórum terapéutico, actividad física supervisada y asistencia telefónica continua, lo que mejora significativamente las posibilidades de éxito.

Comprender qué son las anfetaminas, cómo actúan en el cerebro, qué efectos tienen a corto y largo plazo y cuáles son los recursos de ayuda disponibles permite tomar decisiones más informadas sobre su consumo. Utilizadas de forma estrictamente médica y controlada pueden ser herramientas útiles, pero fuera de ese contexto se convierten en sustancias con un alto potencial de daño psicológico, físico y social, por lo que ante cualquier duda o dificultad siempre merece la pena pedir ayuda profesional.

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