
Seguramente habréis escuchado en alguna ocasión que existe la posibilidad de controlar los sueños, y aunque es posible que alguna vez hayamos intentado hacerlo, lo más probable es que no lo hayamos conseguido. Lo cierto es que se puede llegar a conseguir, y aunque no todo el mundo tiene la capacidad, os vamos a explicar cómo controlar los sueños y de esta forma ayudaros a poder gestionarlos y disfrutar de una experiencia asombrosa y diferente que nunca antes habíais imaginado. Si queréis profundizar en el tema, visitad el fascinante mundo de los sueños para ampliar información.
¿Se pueden controlar los sueños?

Esta ha sido una duda que ha intrigado a la humanidad durante mucho tiempo, y es que es cierto que hay personas que comentan que han conseguido dominarlos, pero lo cierto es que, por mucho que lo intentamos, en realidad no sabemos cómo hacerlo, y eso hace que al no poder comprobarlo directamente pensemos que esas personas no están siendo totalmente sinceras.
No ya sólo que no sean sinceras, sino que quizás piensan que lo están consiguiendo cuando en realidad tan solo es una ilusión y parte de un sueño, pero la realidad llega mucho más allá, y está demostrado que sí es cierto que se pueden controlar los sueños, y el cómo hacerlo dependerá de la persona y de su capacidad para poder entrar en un estado de conciencia durante el sueño.
En el mundo de la psicología y la neurociencia, a este fenómeno se le conoce como sueños lúcidos. Un sueño lúcido es aquel en el que somos conscientes de que estamos soñando mientras el sueño ocurre. Esa lucidez puede ser muy breve y pasiva (solo darnos cuenta de que soñamos) o tan profunda que nos permita intervenir activamente en el contenido del sueño, cambiar la escena, hablar con personajes, decidir qué hacer o incluso volar.
La investigación científica ha observado que la lucidez suele comenzar durante la fase REM del sueño, la etapa en la que los sueños son más vívidos, extraños y cargados de emociones. La diferencia principal entre un sueño normal y uno lúcido es que, en estos últimos, en lugar de estar «arrastrados» por la historia, se reactiva parcialmente la parte del cerebro relacionada con la autoconciencia y el pensamiento crítico. Por eso, dentro del propio sueño, podemos llegar a decirnos: «Esto no es real, estoy soñando».
Los sueños lúcidos se conocen desde hace siglos: tradiciones budistas e hinduistas los han utilizado como práctica de meditación; muchos artistas y escritores los han buscado como fuente de inspiración creativa; y más recientemente, se han empezado a usar en contextos terapéuticos para trabajar con pesadillas y ciertos traumas.
Aprende cómo controlar los sueños siguiendo estos pasos

Como decíamos al principio del artículo, no todo el mundo tiene la capacidad de controlar sus propios sueños, pero incluso las personas que pueden hacerlo, si no llevan a cabo una serie de pasos como los que vamos a indicar a continuación, tampoco lo conseguirían, por lo que no os resistáis y probad estos consejos que os vamos a indicar a continuación, ya que sólo así conseguiréis saber si realmente el control de los sueños es una habilidad que tenéis o dejáis de tener.
Vamos a combinar las ideas clásicas para controlar los sueños con lo que se sabe desde la investigación sobre sueños lúcidos. Veremos técnicas para:
- Recordar mejor lo que soñáis (sin memoria onírica, no hay progreso).
- Distinguir sueño y realidad de forma fiable.
- Inducir sueños lúcidos al quedarnos dormidos o al volver a dormirnos.
- Estabilizar y dirigir el sueño para no despertar enseguida.
Crea un registro con todos tus sueños
En más de una ocasión habréis estado soñando y, de repente, por cualquier razón os dais cuenta de que es un sueño, pero justo en ese instante, cuando empezáis a ser conscientes de que en realidad estáis soñando, os despertáis y ya no podéis hacer nada por volver de nuevo a soñar con el mismo sueño pero esta vez manteniendo la consciencia.
En ese instante volvemos a dormirnos pensando que podremos recordar lo que hemos soñado cuando nos despertemos del todo y empecemos el nuevo día, pero cuando llega la hora nos damos cuenta de que tenemos el sueño en la punta de la lengua pero no conseguimos acordarnos exactamente de lo que ocurría en él.
Por eso nuestra recomendación es que tengáis siempre a mano al lado de la cama un trozo de papel y un bolígrafo, de manera que, cada vez que experimentéis su sueño de este tipo, en el momento en que despertéis apuntéis los detalles necesarios que os permitan recordarlo. Cuando veamos las anotaciones por la mañana, lo que deberemos hacer es especificar mejor el sueño y de esta forma conseguiremos recordarlo y empezar a retenerlo en nuestra mente.
Si os da mucha pereza poneros a escribir estos detalles cuando estéis durmiendo, también existe la posibilidad de poner una grabadora y así no tendremos que preocuparnos de ponernos a escribir, evitando perder por completo las ganas de dormir.
Esta práctica, conocida como diario de sueños, no sólo sirve para recordar mejor los contenidos oníricos. Los estudios muestran que las personas que se entrenan en recordar y registrar sus sueños tienen muchas más probabilidades de experimentar sueños lúcidos y de acordarse de ellos con claridad. Sin memoria, podríais llegar a controlar un sueño… y olvidarlo a los pocos minutos de despertar.
Algunos consejos útiles para que este diario sea todavía más efectivo:
- Al despertar, no os mováis ni abráis los ojos de inmediato. Permaneced unos segundos en la misma postura y dejad que vuelvan los fragmentos del sueño.
- Apuntad primero palabras clave (escenario, personas, emociones) y luego desarrollad la historia con más calma.
- Incluid siempre detalles sensoriales: colores, sonidos, olores, temperatura, sensaciones corporales. Esto entrena al cerebro a recrear escenarios oníricos más vívidos.
- Releed de vez en cuando vuestros sueños. Así aprenderéis a reconocer patrones recurrentes (lugares, personajes, situaciones) que luego os servirán de señal para daros cuenta de que estáis soñando.
Aprende a distinguir entre sueño y realidad
Cuando estamos despiertos es bastante extraño que nos encontremos en una situación en la que podamos saber si estamos despiertos o no, pero esto no ocurre así precisamente en los sueños, y es que, en el momento en el que empezamos a ser conscientes durante el sueño, lo primero que hacemos es plantearnos si de verdad estamos soñando o estamos despiertos, de manera que es el momento perfecto para realizar lo que se denomina “Prueba de realidad”, que básicamente se centra en una serie de trucos que nos permitirán saber si realmente se trata de una fantasía o de una realidad.
El truco más popular y quizás más utilizado es darnos un pellizco por ejemplo en el brazo, y en el caso de que no lo notemos, evidentemente estaremos sumidos en un sueño, aunque cabe destacar que este truco puede llegar a fallar, ya que nuestra mente puede incluso hacer que sintamos el pellizco aunque en realidad no nos estemos pellizcando.
Por ello, si el truco del pellizco no ha funcionado, también podemos recurrir a otros que se basarán en la observación de cualquier elemento que se encuentre a nuestro alcance. En la vida real podemos ver formas muy definidas y concretas y analizarlas sin ningún tipo de problema, pero en los sueños las cosas pueden distorsionarse e incluso llegar a cambiar de forma.
Esto significa que fijaremos nuestra vista por ejemplo en un jarrón, en una pantalla, un libro o cualquier otro objeto concreto y miraremos si con el paso del tiempo permanece totalmente inmóvil o se aprecian cambios de algún tipo que no son para nada realistas.
Otro truco es el de la lectura, y es que, si tenemos un texto a mano, en el caso de los sueños observaremos que nos cuesta leer el contenido o directamente se trata de un texto completamente incoherente.
De igual manera podremos realizar otras comprobaciones como mirarnos en un espejo en el caso de que haya uno cerca, abrir o cerrar grifos, intentar cambiar algo del entorno con nuestra mente, es decir, desde mover un objeto a hacer por ejemplo que aparezca algo determinado como un animal o una alfombra, etcétera.
Eso sí, hay que tener en cuenta que todos estos detalles pueden variar en función de la persona, es decir, de la misma forma que un determinado truco puede servir a alguien, quizás para otros no tengan utilidad alguna y viceversa, por lo que os recomendamos preparar una lista con todos estos comprobantes y los posibles variantes de manera que vayáis probando uno a uno para averiguar cuál de ellos es efectivo en vuestro caso.
En la comunidad de personas que practican sueños lúcidos se han popularizado muchas pruebas de realidad eficaces. La idea es repetirlas varias veces al día, en plena vigilia, para que se conviertan en un hábito tan automático que también las ejecutemos mientras soñamos. Cuando las hacemos dentro del sueño, es cuando descubrimos que, efectivamente, no estamos despiertos.
Algunas de las pruebas de realidad más utilizadas son:
- Leer un texto, apartar la vista y volverlo a leer. En vigilia, el texto se mantiene igual. En sueños, las letras suelen cambiar, moverse o volverse ilógicas. Repetid el proceso dos o tres veces.
- Mirar un reloj (analógico o digital) y comprobar si los números son estables y coherentes. En los sueños es muy habitual que se desfiguren o cambien cada vez que miráis.
- Intentar respirar con la nariz tapada. Tapad ambos orificios y tratad de inhalar. Si estáis despiertos, no podréis; si estáis soñando, muchas personas descubren que siguen respirando con normalidad.
- Mirarse y tocarse las manos para detectar anormalidades. En sueños pueden aparecer dedos de más, manos borrosas o deformadas.
- Si habitualmente utilizáis gafas, comprobad si veis perfectamente sin ellas. Para muchas personas con miopía, ver con total nitidez el entorno es una clara señal de que están soñando.
- Encender y apagar un interruptor de luz. En los sueños, la luz a menudo no cambia de forma realista al accionar el interruptor.
- Mirarse en el espejo. El reflejo puede resultar extrañamente distinto, borroso o directamente no coincidir con vuestro aspecto real.
- Intentar hacer algo imposible, como atravesar una pared con la mano, volar o lanzar un «hechizo» para mover un objeto sin tocarlo. Si funciona, estáis en un sueño.
La investigación con grupos de voluntarios que han hecho este tipo de pruebas de realidad a lo largo de varios días muestra que, con práctica, aumenta la frecuencia de sueños lúcidos. En algunos experimentos, el simple hecho de mirarse las manos varias veces al día fue la técnica que más sueños lúcidos produjo en pocos días.
Un detalle importante: estas pruebas son más eficaces si no las hacéis en piloto automático. Cada vez que las practiquéis, deteneos un momento y haced la pregunta con auténtica curiosidad: «¿Estoy soñando ahora mismo?». Ese pequeño instante de duda es lo que después se reproducirá cuando realmente estéis soñando.
Intenta volver al mismo sueño

Seguramente en alguna ocasión os habéis despertado y os habéis encontrado con que salís de un sueño fabuloso al que os gustaría volver, y en ese instante intentáis volver a dormiros para regresar de nuevo y seguir por donde lo habíais dejado.
En la mayor parte de los casos no lo conseguimos, pero en algunos sí es cierto que podemos volver a continuar el sueño, pero habitualmente cambia a otro de forma gradual y prácticamente sin que nos demos cuenta, lo que significa que realmente no lo controlamos y no hemos logrado realmente adaptarnos a esa recuperación.
Entonces, esto lo que demuestra es que sí se puede volver a un sueño que hemos tenido antes, pero deberemos aprender a controlarlo y mantener una cierta lucidez con el objetivo de evitar que pase a otro sueño diferente y, de esta manera, seguir disfrutando de la experiencia.
Para esto vamos a recurrir sobre todo al listado de sueños que habíamos escrito en el primer paso, de manera que localizaremos aquel que más nos guste y no sólo lo leeremos, sino que intentaremos volver a recordarlo con la mayor exactitud posible. Por ello es importante que, al transcribir el sueño cuando nos despertemos por la mañana, no sólo añadamos datos que nos ayuden a recordarlo, sino que intentaremos ser lo más específicos y explicar cada paso y cada detalle que haya podido suceder, incluyendo por ejemplo ese libro de color rojo que había en la parte derecha de una ventana, aunque a priori parezca que no tiene ningún tipo de significado ni relevancia en el sueño, pero son detalles importantes que nos van a ser de mucha utilidad para poder recordar cada detalle del entorno y, por tanto, del propio sueño.
El objetivo será leer todos los días ese texto e intentar recordar el sueño lo mejor posible justo antes de dormirnos, y una vez que cerremos nuestros ojos intentaremos recordar ese sueño, pero esta vez de una forma más gráfica, a la vez que haremos todo lo posible por movernos por lo que recordemos de ese escenario, consiguiendo así crear un dominio sobre el sueño aunque todavía no haya tenido lugar.
Esta práctica está muy relacionada con lo que muchos investigadores llaman incubación de sueños. Consiste en elegir de forma deliberada un tema, una imagen o un escenario sobre el que queremos soñar y mantenerlo en la mente justo antes de quedarnos dormidos. Por ejemplo, repetir mentalmente una frase como:
- «Esta noche soñaré que vuelvo a la casa del lago».
- «Cuando sueñe con esta ciudad, recordaré que estoy soñando».
Podéis combinar esta frase con una visualización detallada del lugar: colores, sonidos, personas que había, incluso emociones que sentisteis. Cuanta más información específica incorporéis, más fácil será que el cerebro reconstruya ese escenario durante la fase REM.
En estos casos puede ser de mucha utilidad recurrir a técnicas de relajación, ya que nos ayudarán a sentirnos más equilibrados e incluso a mantener la lucidez durante el sueño, de manera que evitaremos que nuestra mente se duerma del todo.
La combinación de relajación, lectura del diario e incubación consciente se usa también en una de las técnicas más estudiadas para tener sueños lúcidos, llamada inducción mnemotécnica de sueños lúcidos. En ella, al despertar de un sueño y antes de volver a dormir, la persona se repite internamente una frase del tipo: «La próxima vez que esté soñando, recordaré que estoy soñando» mientras se imagina a sí misma volviéndose lúcida en el mismo escenario. Este sencillo ejercicio mental ha mostrado ser especialmente eficaz cuando se hace tras varias horas de sueño.
En resumen, lo que vamos a hacer es anotar nuestros sueños, especificar al día siguiente todo lo que ha ocurrido en el sueño, aprender a diferenciar entre la vida real y los sueños, aprender a relajarnos y mantener la lucidez, leer el sueño que queremos revivir justo antes de acostarnos y finalmente interpretarlo en nuestra imaginación haciendo uso de todos los recursos que hemos estado practicando y aprendiendo durante todo este tiempo.
Y recordad, si sois de las personas que están capacitadas para aprender cómo controlar los sueños, con estas sencillas técnicas y con un poco de práctica vais a poder disfrutar de experiencias increíbles, además de que también conseguiréis conoceros mejor a vosotros mismos, pudiendo incluso cambiar algunos aspectos de vuestra vida que a priori no os gustan o queréis perfeccionar.
Qué son exactamente los sueños lúcidos y por qué son tan especiales
Al hablar de controlar los sueños, en realidad estamos hablando de hacerlos lúcidos. Como ya hemos visto, un sueño lúcido es aquel en el que somos conscientes de estar soñando. Esa conciencia puede ser difusa o muy clara, pero siempre implica un cambio respecto al sueño normal: somos capaces de cuestionar lo que está ocurriendo y reconocer que no pertenece al mundo físico.
Durante un sueño lúcido se pueden vivir dos grandes niveles de experiencia:
- Un nivel en el que simplemente observamos el sueño sabiendo que es un sueño, pero sin intervenir demasiado.
- Un nivel en el que, además de esa conciencia, podemos influir en el curso del sueño: cambiar de escenario, decidir qué hacer, transformar una pesadilla en algo agradable, hablar con personajes oníricos o practicar habilidades.
Desde el punto de vista del sueño, es como si el cerebro se encontrara en un estado intermedio entre el sueño y la vigilia. En la fase REM, que es cuando se dan la mayoría de los sueños vívidos, el cuerpo está profundamente relajado y prácticamente inmóvil, pero el cerebro presenta una actividad muy intensa. En los sueños lúcidos, esa actividad se extiende a zonas relacionadas con la autoconciencia y el pensamiento crítico, lo que permite que aparezca esa «voz interior» que se da cuenta de que todo es una creación mental.
Muchas personas tienen sueños lúcidos de forma espontánea alguna vez en su vida, a menudo durante la adolescencia o juventud. En otros casos, aparecen como una forma de afrontar pesadillas frecuentes: ante una situación onírica muy angustiosa, la mente «salta» y dice: «Esto no puede ser real». A partir de ahí, la pesadilla puede transformarse o incluso interrumpirse.
Los estudios poblacionales indican que una parte importante de la población adulta ha tenido al menos un sueño lúcido, y que un porcentaje menor los experimenta con cierta frecuencia. Aunque no está del todo claro por qué algunas personas tienen más facilidad que otras, se ha observado que quienes recuerdan mejor sus sueños, se interesan por ellos y practican meditación o mindfulness tienden a tener más sueños lúcidos y a controlarlos mejor.
Beneficios de aprender a controlar los sueños
Controlar los sueños no sólo es una experiencia curiosa y divertida. Los sueños lúcidos pueden convertirse en una herramienta muy útil a muchos niveles: emocional, creativo, cognitivo e incluso físico. Entre los beneficios que se han observado están los siguientes:
Mejorar el bienestar emocional y gestionar pesadillas
Uno de los usos más estudiados de los sueños lúcidos es el manejo de las pesadillas. Cuando una persona que sufre sueños muy angustiosos aprende a reconocer que está soñando, puede:
- Detener la pesadilla despertándose de forma voluntaria.
- Modificar el final del sueño, transformando la escena en algo más neutro o incluso positivo.
- Enfrentarse de forma simbólica a aquello que le produce miedo dentro del sueño, sintiendo que tiene más control.
Muchas personas describen que, al conseguir cambiar una pesadilla recurrente dentro del sueño (por ejemplo, darse la vuelta y hablar con la figura que les persigue), disminuye la frecuencia de esas pesadillas y aumenta su sensación de seguridad también durante el día. Esto se traduce en menos ansiedad, menos estrés y una mayor confianza en la propia capacidad para afrontar dificultades.
Además, los sueños lúcidos permiten expresar emociones intensas en un entorno seguro. El soñador puede llorar, gritar, abrazar a alguien o liberar tensión sin consecuencias físicas, lo que contribuye a un procesamiento emocional más profundo.
Potenciar la creatividad y la resolución de problemas
El mundo onírico es un terreno fértil para la imaginación. En un sueño lúcido podéis:
- Explorar escenarios imposibles (otras épocas, mundos fantásticos, paisajes irreales) con un nivel de inmersión que supera al de la simple imaginación despierta.
- Interactuar con personajes que representan partes de vosotros mismos, figuras inspiradoras o incluso versiones oníricas de personas reales.
- Plantearos un problema creativo o personal antes de dormir e intentar abordarlo dentro del sueño, abriendo caminos de pensamiento que despiertos quizá no se os ocurrirían.
Artistas, escritores, músicos y científicos han utilizado los sueños (y en algunos casos, los sueños lúcidos) como fuente de inspiración. La ventaja de la lucidez es que podéis conducir la experiencia, pedir ayuda al propio sueño, repetir una escena o explorar variaciones sobre una misma idea.
Mejora de habilidades motoras y aprendizaje
Algunas investigaciones han observado que practicar movimientos sencillos dentro de un sueño lúcido (como cerrar y abrir las manos, dar golpecitos con los dedos, realizar gestos deportivos básicos) activa en el cerebro las mismas áreas motoras que cuando esos movimientos se ejecutan despiertos.
Esto ha llevado a explorar el uso de los sueños lúcidos como complemento a la práctica mental de habilidades. Deportistas, bailarines o músicos pueden, en teoría, ensayar secuencias de movimientos en sus sueños, reforzando de forma adicional los circuitos neurales implicados. También se ha planteado su utilidad en procesos de rehabilitación física, permitiendo al paciente imaginar y «sentir» el movimiento aunque su cuerpo aún no pueda realizarlo.
Aplicaciones clínicas y psicológicas
Más allá de las pesadillas, se investiga cómo los sueños lúcidos podrían apoyar el tratamiento de algunos trastornos psicológicos, como la depresión o el trastorno de estrés postraumático. En un contexto terapéutico, el profesional puede acompañar a la persona a:
- Revisar dentro del sueño escenas traumáticas con mayor control y recursos.
- Explorar nuevas formas de reaccionar ante situaciones difíciles.
- Fomentar experiencias oníricas con emociones positivas intensas que compensen en parte el malestar diurno.
Es importante subrayar que, en casos de trastornos graves o síntomas psicóticos, la práctica de sueños lúcidos debe realizarse con prudencia y supervisión profesional, ya que en algunas personas podría dificultar la diferenciación entre realidad y fantasía.
Más técnicas para inducir y mantener sueños lúcidos
Hasta aquí hemos visto tres pilares básicos: diario de sueños, pruebas de realidad e incubación de sueños. Sin embargo, hay otras técnicas que pueden potenciar mucho la probabilidad de tener sueños lúcidos y de mantener la lucidez durante más tiempo.
No dejes que tu mente se duerma del todo
Es posible entrar directamente en un sueño lúcido justo en el momento de dormirse, sin pasar por un sueño no lúcido previo. Esto se conoce a menudo como inducción «desde la vigilia». La idea es conseguir que el cuerpo se duerma mientras una parte de la mente permanece consciente.
Para acercarnos a este estado se pueden usar varios elementos:
- Ejercicios de relajación muscular: ir tensando y relajando distintos grupos musculares desde los pies hasta la cabeza, para que el cuerpo entre en un estado de calma profunda.
- Atención a las sensaciones físicas: notar la respiración, el peso del cuerpo en la cama, los pequeños cambios de temperatura o cosquilleos que suelen aparecer al quedarnos dormidos.
- Imágenes hipnagógicas: esos destellos de formas, colores o escenas que empiezan a surgir con los ojos cerrados cuando estamos a punto de dormir. En lugar de perder la conciencia, se intenta «entrar» en una de esas escenas manteniendo cierto grado de lucidez.
Esta técnica suele requerir mucha práctica y puede ir acompañada de parálisis del sueño (sensación de no poder moverse al inicio del sueño), algo que para algunas personas resulta inquietante. Sin embargo, quienes se acostumbran a ello la utilizan como una puerta de entrada a los sueños lúcidos: cuando sienten la parálisis, saben que el cuerpo ya está dormido y pueden «levantarse» dentro del sueño.
Despiértate y vuelve a dormirte
Otra técnica para tener sueños lúcidos es la que se basa en dormir un mínimo de 6 horas, realizar alguna actividad tranquila, y volver a dormirse.
De esta manera al volver a dormirte, entrarás directamente en el sueño REM y junto con las demás técnicas, podrás controlar tus sueños.
Muchas personas utilizan una variante llamada «despertar programado». Consiste en:
- Dormir unas horas hasta que el cuerpo haya pasado por varios ciclos de sueño.
- Despertarse con una alarma suave y permanecer despiertos entre 20 y 40 minutos haciendo alguna actividad tranquila relacionada con los sueños lúcidos (leer sobre el tema, revisar el diario de sueños, practicar afirmaciones).
- Volver a la cama con la intención clara de tener un sueño lúcido.
Esta combinación hace que al volver a dormirse se entre rápidamente en fase REM, pero con la mente algo más activa de lo habitual, lo que aumenta la probabilidad de mantener la conciencia al iniciarse el sueño. Si durante ese rato despiertos practicáis además la técnica mnemotécnica (repetir mentalmente frases como «la próxima vez que esté soñando, recordaré que estoy soñando»), los resultados suelen mejorar aún más.
Recuérdate que estás soñando y estabiliza el sueño
De forma natural tendemos a perder la consciencia progresivamente durante los sueños lúcidos, sobre todo en situaciones de gran activación física o cognitiva. Procurar estar calmados y concentrados es fundamental.
Una vez que os dais cuenta de que estáis soñando, es muy útil:
- Repetir mentalmente varias veces: «estoy soñando», «esto es un sueño».
- Utilizar el cuerpo onírico para ganar estabilidad: frotar las manos entre sí, tocar el suelo, notar la textura de las paredes o de los objetos cercanos.
- Mirar a vuestro alrededor con calma, fijándoos en detalles lejanos, en las esquinas de la habitación, en el cielo, etc. Muchos soñadores notan cómo los detalles «se cargan» poco a poco, como si el sueño ganara resolución.
Estos actos anclan la conciencia en el sueño y reducen las probabilidades de despertar de golpe. Por el contrario, si os dejáis llevar por la emoción intensa (por ejemplo, salís corriendo a volar sin más), es frecuente que el sueño se vuelva borroso y termine enseguida.
Cuando ganéis experiencia, podréis ir introduciendo gradualmente más control: cambiar de escenario, pedir que aparezca alguien, transformar un objeto, etc. Es preferible empezar con pequeños cambios antes que tratar de alterar todo el mundo onírico de golpe.
Decide tus sueños y crea nuevos escenarios
Antes de acostarte cada noche, escribe o visualiza aquello sobre lo que quieres soñar para que permanezca en la mente.
Cuantos más detalles incluyas, por insignificantes que parezcan, más fácil resultara tener sueños lucidos.
Cuando ya estéis lúcidos, un paso muy interesante es aprender a generar nuevos escenarios dentro del propio sueño. Algunas formas de hacerlo son:
- Imaginar que abrís un portal en el aire o una puerta y, al cruzarla, apareceréis en el lugar que deseáis (una playa, una ciudad, una casa concreta).
- Cerrar los ojos dentro del sueño, visualizar con fuerza el nuevo lugar, girar sobre vosotros mismos y «abrir los ojos» ya allí.
- Decir en voz alta una orden clara, como: «Cuando gire la esquina, estaré en…» y dejar que el sueño complete el cambio.
La clave, de nuevo, es mantener expectativas firmes. En los sueños, lo que esperáis que pase tiene mucho peso. Si dudáis o pensáis «esto no va a funcionar», es más probable que el escenario no cambie.
Meditación y atención plena en la vida diaria
Muchas personas que practican meditación de forma constante notan que su capacidad para tener sueños lúcidos mejora por sí sola. La meditación entrena exactamente las habilidades que hacen falta dentro del sueño: observar sin juzgar, mantener la atención, darse cuenta de los pensamientos en lugar de dejarse arrastrar por ellos.
Integrar unos minutos al día de mindfulness (atención plena a la respiración, a las sensaciones corporales o a las experiencias del momento presente) no sólo es positivo para reducir estrés y ansiedad, sino que también facilita estar más despiertos dentro de los propios sueños.
Importancia de un buen descanso y del entorno de sueño
Para poder tener sueños lúcidos y que la fase REM no se interrumpa, comprueba el estado de tu colchón y demás equipos de descanso.
Un descanso de calidad favorece un mayor bienestar físico y mental, y propicia la práctica de controlar tus propios sueños. Si os despertáis muchas veces por incomodidad, ruido o temperatura inadecuada, es más difícil mantener la continuidad del sueño y llegar a esas fases REM prolongadas donde aparecen con más frecuencia los sueños lúcidos.
Cuidar el higiene del sueño (horarios regulares, evitar pantallas justo antes de dormir, cenar ligero, limitar estimulantes como cafeína en las horas previas, tener un dormitorio oscuro y silencioso) no sólo mejora la salud en general, sino que crea las condiciones perfectas para explorar el mundo onírico con más profundidad.
En Colchones Aznar confiamos en las mejores marcas, para garantizarte un descanso y calidad del sueño idóneos.
¿Quieres tener sueños lúcidos? ¿necesitas aumentar la calidad del sueño?
Cuéntanos que necesitas. ¡Queremos ayudarte!
Aprender a controlar los sueños es un proceso que combina curiosidad, entrenamiento y paciencia: cuanto más cuides tu descanso, más registres lo que sueñas y más entrenes tu mente a preguntarse si está despierta, más fácil te resultará entrar en ese estado único en el que eres consciente de que sueñas y puedes convertir la noche en un espacio de crecimiento, exploración y disfrute personal.
