El cuerpo es una propiedad de lo divino

Para muchas religiones, el cuerpo no sólo es un espacio sagrado, sino que además encarna el elemento central de la unión del hombre con Dios. Dicho de otra forma, el cuerpo es una propiedad de lo divino dejada a nuestro cargo para que lo cuidemos y consigamos que nos acompañe toda la vida.

Para la tradición judía, por ejemplo, este concepto es tan fundamental, que atentar contra la propia vida, o dañar el propio cuerpo, es una de las tres únicas cosas que un creyente no puede hacer jamás, ni siquiera con la excusa de preservarse de un daño mayor a su existencia o su integridad (las otras dos son: renegar de Dios y tener relaciones sexuales taxativamente prohibidas, por ejemplo, entre hermanos).

Para los que hemos tenido la fortuna de verlo con nuestros propios ojos, todo lo dicho respecto de la divinidad del cuerpo queda claro al contemplar el genial trabajo de Miguel Ángel en los frescos pintados en la capilla sixtina.

Escribo esto y recuerdo con vividez la imagen majestuosa de Dios tocando con la punta de sus dedos los dedos de Adán, simbolizando en ese contacto el milagro de la creación.

Vídeo de la historia de la Capilla Sixtina:

Hombres y mujeres de nuestro tiempo oscilamos con impunidad entre considerar al cuerpo una más de nuestras posesiones, como si se tratase de una prenda de vestir (lo llevo, me molesta, lo modifico, lo uso como carnaza, como anzuelo o como reclamo), y pasar de él olímpicamente (lo olvido, lo lastimo, lo destruyo, lo menosprecio).

Texto extraído del libro El camino de la espiritualidad de Jorge Bucay.


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