Es difícil saber lo que está en la mente de una persona que salta de un 30 ó 40 piso y que sabe que no va a sobrevivir. Es una mezcla de pánico y también es una mezcla de indefensión: el saber que no podemos hacer nada. Es una elección entre morir cayendo al vacío o morir quemado en un fuego que se avecina.
Dolor y sufrimiento en el 11 de Septiembre

Luis Rojas Marcos estaba ahí. Este sevillano de nacimiento era, entonces, el director de los hospitales públicos de Nueva York. Iba a asistir a una reunión en una de las Torres Gemelas. Después del choque del primer avión, la casualidad hizo que se encontrara con el jefe de bomberos.
El psiquiatra quiso llamar con su móvil y se dio cuenta de que no funcionaba. Alguien le dijo que fuera a llamar desde un teléfono cercano y fijo. Fue, en ese lapsus de tiempo, cuando la torre se vino abajo.
"Más tarde, me enteré que el jefe de bomberos, con quien yo había estado, había muerto. Había muerto porque estaban justamente en el sitio donde yo estaba, porque al derrumbarse la 1ª torre cayó sobre esa parte. Aquello fue duro."
Resiliencia para resistir el dolor y el sufrimiento

El azar tiene una importancia decisiva en nuestras vidas. Nadie se libra ni del dolor ni del sufrimiento. Pero son los actos frutos de la violencia humana los que nos ponen más a prueba por su injusticia. Afortunadamente, la psiquiatría señala que la mayoría podemos recuperarnos de una tragedia. Esa capacidad se llama resiliencia y es una mezcla de resistencia y flexibilidad.
Sin embargo, los sociólogos afirman que nuestro límite está en dos hechos traumáticos, no más. Por el motivo que sea, es una realidad que hay personas que cuando se presentan a una situación que ven imposible, deciden tirar la toalla. Sin embargo, hoy sabemos que la gran mayoría de las personas tenemos esa capacidad para encajar, resistir y volver a recuperar ese estado anterior que teníamos.
Aunque se sabe que el sufrimiento no es bueno para nadie, existe la posibilidad de experimentar un gran crecimiento interior cuando nos enfrentamos a un gran dolor. "Hay un grupo de personas que se enfrentan a terribles adversidades que una vez superadas dicen que descubrieron aspectos en ellas mismas que no sabían que tenían. Se sienten más fuertes de lo que pensaban. Otras mejoran sus relaciones con los demás; otras te dicen que saben separar lo importante de lo que no es y que empiezan a disfrutar aspectos de la vida que antes no les daban importancia."
Ahora mismo, Luis Rojas Marcos es profesor de psiquiatría en la Universidad de Nueva York y miembro del consejo que se ocupa de educar en cuidados paliativos. Uno de los pilares de la resiliencia es encontrar motivos para vivir. "Mientras yo pueda relacionarme con gente que me quiere y con las que yo quiero, mientras yo pueda utilizar mis conocimientos para ayudar (porque mientras uno ayuda, se está ayudando a sí mismo), tendré motivos para vivir. Luego está el miedo a la muerte. La idea de salir de este mundo no me hace ninguna gracia.
Una de las cosas que aprendí en el 11 de septiembre es que yo no celebro los cumpleaños. Yo celebro el cumpledías porque en cualquier momento podemos enfrentarnos a una situación imposible. Yo cada día lo celebro. Todos los días tendríamos que tener el pastel con la velita y celebrar el día."
Feliz día.
Dolor emocional, sufrimiento y cómo diferenciarlos

El dolor emocional duele tanto como el físico: la neurociencia muestra que comparten circuitos cerebrales implicados en el procesamiento del dolor y de la angustia social. El dolor es una señal que aparece ante una pérdida o daño y, si lo dejamos fluir, tiende a remitir. El sufrimiento surge cuando se añade la respuesta cognitivo-emocional: expectativas rotas, rumiación, miedo y resistencia. Por eso el sufrimiento puede prolongarse incluso cuando el hecho doloroso ya pasó.
- Dolor: proporcional a la pérdida o daño; transitorio si se procesa.
- Sufrimiento: amplificado por pensamientos y creencias; puede volverse indefinido.
Emociones clave que alimentan el sufrimiento
Miedo y ansiedad: la ansiedad adaptativa nos prepara para actuar, pero si persiste sin peligro real, se vuelve desadaptativa y deteriora la vida diaria. Tristeza y depresión: la tristeza tras una pérdida es natural; la depresión aparece cuando su duración e intensidad impiden el funcionamiento y se acompaña de anhedonia, alteraciones de sueño, apetito y cognición. Rabia: útil para protegernos, pero su forma crónica (hostilidad) daña relaciones y salud.
Claves prácticas para superar el sufrimiento emocional

- Reconoce lo que sientes: negar el dolor lo cronifica.
- Trátate con compasión: no eres tu error ni tu momento difícil.
- Acepta que no todo el mundo comprenderá tu proceso; busca personas empáticas.
- Sinceridad contigo: pon nombre a lo que te ocurre y compártelo con alguien de confianza.
- Valora a quien te acompaña: gratitud y vínculos protegen del malestar.
- Explora la causa: si hay soluciones, planifícalas; si no, trabaja la aceptación.
- Entrena inteligencia emocional: autoconciencia, regulación, empatía, habilidades sociales y automotivación se aprenden.
- Practica mindfulness: presencia, actitud no enjuiciadora y amabilidad contigo reducen la rumiación.
- Pide ayuda profesional si te cuesta avanzar: la psicoterapia ofrece herramientas concretas.
Características del sufrimiento que conviene observar
- Impotencia y sensación de amenaza constantes.
- Rechazo del dolor y lucha contra la realidad.
- Incapacidad percibida para afrontar la situación.
- Vida teñida de incertidumbre y control excesivo.
Nueve herramientas para evitar quedar atrapados
- Aceptación radical de que la vida incluye adversidades.
- Perdón para soltar rencor y liberar energía.
- Autoaceptación y trabajo de la autoestima para decidir mejor.
- Autoconocimiento sin juicio para ver lo que es, no lo que temes.
- Aprendizaje de experiencias pasadas para futuras decisiones.
- Voluntad de cambio y responsabilidad personal.
- Humildad para ajustar expectativas y prevenir negación.
- Autocompasión como actitud amorosa en la dificultad.
- Búsqueda activa de opciones realistas y funcionales.
Dar sentido al sufrimiento
Estas emociones producen malestar, pero el sufrimiento puede ser motor de cambio si lo escuchamos y lo atravesamos en vez de huir mediante conductas evitativas. Expresarlo y recibir apoyo empático alivia y facilita la elaboración. Como recuerda Viktor Frankl: "Cuando el ser humano tiene un para qué, puede atravesar cualquier cómo". Un ejemplo inspirador es el de una deportista que, tras un grave accidente y un durísimo tratamiento en aguas heladas, transformó el dolor en superación y encontró belleza en el desafío.
Cuando acompañas sufrimiento ajeno
Si eres profesional de la salud o del ámbito social, o si apoyas a alguien cercano, estas pautas ayudan a sostener sin desbordarte:
- Conócete para usar tus mejores habilidades de escucha.
- Acepta tu vulnerabilidad y no huyas del dolor del otro.
- Empatía no es sentir lo mismo, sino comprender y reflejar.
- Gestiona tu malestar: lo que sientes es tuyo, no causado por el otro.
- Pon palabras a lo que sientes para regularte.
- Comunicación terapéutica: sondea, parafrasea, resume, informa con claridad.
- Autenticidad y aceptación incondicional del interlocutor.
- Apoya sin reforzar el victimismo.
- Comparte límites y pide ayuda si te desborda.
- Cuida tu autocuidado: respiración, relajación, ejercicio, sueño y red de apoyo.
Qué dice la ciencia del dolor y el sufrimiento
La investigación neurocientífica diferencia vías para el dolor físico, el sufrimiento emocional y la modulación del dolor. Puedes sentir dolor sin sufrir y sufrir sin dolor intenso; por ello los tratamientos deben ser personalizados e integrar cuerpo y mente. La medicina integrativa subraya que el ejercicio incrementa endorfinas y disminuye estrés y ansiedad; la higiene del sueño (evitar contenidos violentos antes de dormir, respetar horarios) y una alimentación equilibrada son pilares. Técnicas como la hipnosis o la imaginería pueden ayudar, y cultivar la ilusión y el agradecimiento amortigua el sufrimiento que se somatiza.
Afrontar el dolor y el sufrimiento implica reconocer lo que duele, regular emociones complejas, dar sentido a la experiencia, pedir apoyo cuando hace falta y sostener hábitos que favorecen la recuperación. Ese camino existe y está al alcance de todos.
