Os voy a contar una cosa a ver si podéis entender mi punto de vista. Igual me meto en un berenjenal del que salgo escaldado pero me he propuesto compartir todo aquello que pienso y si a alguien no le gusta pues que no me lea.
Como muchos sabréis gestiono la fan page de este blog en Facebook. Ahora mismo cuenta con más de 318.000 «fans» que, en teoría, están ahí porque en algún momento algo de lo que se comparte les ha aportado valor, les ha hecho sentir mejor o les ha hecho reflexionar.
En ocasiones he compartido artículos e imágenes en dicha fan page que generan cierto grado de polémica y no faltan las típicas personas tóxicas que salen como lobos a criticar aquello que he puesto, muchas veces con faltas de respeto y con un tono que, si lo tuvieran que mantener cara a cara, probablemente no se atreverían a usar.
No me molestan las críticas si se hacen desde el respeto. Al contrario, generan debate, abren la mente e incluso me pueden hacer ver que me he equivocado o que hay matices que no había considerado. Ni tan siquiera me molestan especialmente sus faltas de respeto, porque al final hablan más de ellos que de mí.
Lo que verdaderamente me molesta es que critican personas que habrán leído artículos míos o habrán visto alguna imagen que les haya gustado pero ni siquiera dejan un comentario positivo. Solo aparecen para intervenir cuando hay algo que atacar, como si su función en la vida fuera encontrar el fallo en todo lo que hacen los demás.
¡Ojo! Por supuesto que tampoco me molesta que no comenten nada cuando algo les gusta. Nadie está obligado a aplaudir. Lo que me molesta es que esas mismas personas no pierden ni medio segundo en tirarse a la yugular en cuanto ven algo que no les gusta o genera polémica. Es como si vivieran en modo vigilancia permanente para poder juzgar.
Encima lo más peor de todo es que siguen siendo fans de la página y me siguen leyendo a pesar de la bilis que destilan en sus comentarios. Es decir, no les gusta nada, pero no se van; necesitan quedarse para seguir criticando. Ahí se ve muy claro que el problema no es el contenido, sino algo que llevan dentro.
Yo les ahorro el mal trago y directamente les bloqueo. Ya que no lo hacen ellos, pues lo hago yo. Poner límites también es autocuidado, y en las redes sociales tenemos el derecho de decidir con quién queremos interactuar y con quién no.
Así es la gente que solo interviene para criticar
Me imagino que son las típicas personas que en la vida real permanecen callados cuando todo va bien, sin valorar las cosas, pero que enseguida comienzan a criticar de manera despectiva en cuanto tienen oportunidad. Su patrón es siempre el mismo: silencio ante lo positivo, hiperactividad ante lo negativo.
Este tipo de personas encaja con el perfil de quienes juzgan y critican a los demás de manera constante. Suelen tener varios rasgos en común:
- Utilizan la crítica para seducir o vincularse: generan complicidad a través del “enemigo común”, buscando aliados a base de poner a caldo a otros.
- Les cuesta centrarse en los argumentos y terminan atacando a la persona (lo que se conoce como falacia ad hominem) en lugar de debatir ideas.
- Ridiculizan cualquier detalle: una opinión distinta, una forma de vestir, una frase mal expresada… todo vale como excusa para burlarse.
- En redes sociales se sienten más protegidos por el anonimato o la distancia, y eso les permite soltar su crueldad con menos filtros.
En Internet, quienes se dedican a juzgar a los demás habitualmente sienten que cuentan con una especie de escudo emocional. Dejan comentarios despectivos a la vista de todo el mundo, convencidos de que el impacto lo sufre solo la persona criticada. Sin embargo, esa actitud también va erosionando su propia autoestima, porque refuerza una forma de relacionarse basada en la desconfianza y el resentimiento.
¿Por qué hay gente que solo aparece para criticar?
En cualquier caso, creo que voy a actualizar mi lista de Mi desarrollo personal se compone de estos 10 objetivos y voy a añadir otro objetivo tipo «Tener buen talante incluso con las personas negativas». Para conseguirlo, ayuda mucho comprender qué hay detrás de esa manía de intervenir solo para criticar.
Los psicólogos explican que, cuando una persona parece incapaz de ver lo positivo en los demás y se enfoca únicamente en reprochar y señalar defectos, suelen intervenir varios factores, como la comparación constante:
- Baja autoestima e inseguridades: al destacar los errores ajenos, sienten una falsa sensación de superioridad que les permite escapar un momento de sus propias carencias.
- Pensamientos muy negativos hacia sí mismos: quien se habla mal internamente tiende a hablar mal de los demás con la misma dureza.
- Proyección psicológica: atribuyen a otros los defectos o conflictos internos que no soportan ver en sí mismos.
- Comparación constante: se sienten inferiores, pero actúan como si fueran superiores para compensar ese dolor interno.
- Falta de control sobre su propia vida: al criticar a otros sienten que, al menos, controlan “la verdad” sobre cómo deberían actuar los demás.
- Envidia y resentimiento: cuando ven en otros algo que desean y no tienen, lo atacan en lugar de reconocer ese deseo.
Como conclusión, lo positivo de los demás es favoritismo, lo positivo propio es sudor y lágrimas y lo negativo fruto de la injusticia de la vida. Es decir, se llevan las medallas y rechazan toda responsabilidad o equivocación. “Ellos la tienen tan difícil y los demás tan fácil”. Asumir que los demás pueden y ellos no, que los demás se animan y ellos no, que los demás consiguen, y ellos no, es una tremenda herida a sus egos hambrientos de errores ajenos para sentirse mejor.
Crítica constructiva, crítica destructiva y cómo responder
Yo he comprobado, tanto en redes como fuera de ellas, que debatir está bien, exponer ideas y puntos de vista también está bien; e incluso puede llegar a ser enriquecedor en muchos casos. El problema es que para que esto sea así, hay que tener una mente medianamente abierta, ser capaz de escuchar y no sentirse atacado a la mínima.
Cabe destacar que hay crítica constructiva y crítica destructiva. Criticar no es necesariamente malo si se hace con afán de aportar, ayudar a mejorar y ofrecer otra perspectiva. Lo destructivo aparece cuando el objetivo es humillar, mostrar superioridad o descargar la propia frustración.
En mi propia experiencia (y en la de muchos escritores y creadores), me han llegado a decir que deje de escribir, que no debería tener mi título, etc. Cuando alguien ofrece su trabajo para recibir comentarios, suele haber una fuerte carga personal y vulnerable. Por eso es clave diferenciar entre crítica honesta y acoso disfrazado de sinceridad. No es lo mismo señalar un punto débil con respeto que usarlo como arma para ridiculizar.
Frente a este tipo de personas, a veces intento comprender su punto de vista y ver lo que dicen desde su prisma. Si veo que llevan razón en algo, lo reconozco sin problema. Pero si no la llevan, intento explicar con calma por qué creo que están equivocados. Cuando ya solo buscan ofender, el mejor recurso es poner límites claros, reducir la interacción o bloquear, como hago en la fan page.
Mi instinto me dice que este artículo va a levantar ampollas en Facebook. No sé si estoy preparado para soportarlo, pero sí tengo claro algo: no voy a dejar de compartir lo que pienso por miedo a la gente que solo interviene para criticar. Prefiero seguir construyendo espacios donde se valore, se debata con respeto y se aprenda, aunque de vez en cuando tenga que usar el botón de bloquear para cuidar mi paz mental.
Que existan personas que solo aparezcan para criticar no significa que tengamos que soportarlo todo ni que debamos responder con la misma moneda; es posible protegerse, marcar límites y, a la vez, seguir apostando por una forma de comunicarnos más sana, más empática y más honesta.
