La ignorancia se intenta camuflar de sabiduría, ¡pero no engaña a nadie!

La sociedad está llena de ignorancia camuflada en sabiduría, pero la realidad es que cuando aparece en escena no suele engañar demasiado. Es sabido que quien no tiene nada que decir, es mejor que guarde silencio porque es lo más inteligente que puede hacer… Sobre todo cuando el silencio es la mejor respuesta ante la crítica o la envidia. En cambio, ante la provocación, si existe una discusión acalorada está claro que la ignorancia aparece intentando simular sabiduría.

Aunque en ocasiones nos sintamos heridos ante algunas críticas o comentarios, merece la pena tener más inteligencia que todo eso, y saber, que en muchas ocasiones hay situaciones en las que no merece la pena discutir. Las palabras necias salidas de personas necias no merecen la más mínima atención y no darles poder no debe perturbar tu alma ni un ápice. Cuando las mentes pequeñas intentan demostrar ser grandes, es mejor observar sin interactuar… ¡esa es tu grandeza!

La ignorancia es la madre de la intolerancia

Vivimos en una sociedad donde la intolerancia está a la orden del día, pero gran parte de esa intolerancia nace de la falta de conocimiento. La ignorancia es precisamente eso: la falta de conocimientos o cultura. A la ignorancia le gusta criticar y emitir juicios sin tener el conocimiento necesario sobre lo que critica o juzga. La ignorancia desprecia casi sin saber por qué… éste es el nivel más alto de ignorancia: rechazar a algo o a alguien sin saber qué es o sin entenderlo. Cuando no se tiene la información necesaria para saber qué se tiene delante.

La ignorancia y la intolerancia llevan al no civismo, a la falta de armonía en la comunicación o convivencia de las personas. Pero la ignorancia no es algo que quede lejos de ti, puedes estar viviéndola cerca, en tu entorno. Aunque tú no te consideres ignorante puede que veas ignorancia cada día de tu vida. Esas personas que juzgan sin saber, sin molestarse en conocer a otros… Solo se sienten bien juzgándoles, a causa de sus propias faltas, de su baja autoestima… de su ignorancia. La ignorancia en forma de crítica puede doler emocionalmente ya que se convierten en palabras tóxicas.

Entender la ignorancia para poder ignorarla

Una persona, cuando madura y nutre su propio intelecto no entenderá por qué otra persona prefiere vivir en la ignorancia. En realidad, esa ignorancia simplemente es la voluntad de no querer cambiar. Si una persona no accede al conocimiento es porque no quiere. Prefiere quedarse en su zona de confort llena de odio y resentimiento.

Si tienes personas a tu alrededor que prefieren vivir en la ignorancia, no te resientas, simplemente acepta su decisión y mantén tu dignidad, porque será la única manera en que puedas vivir en tranquilidad. En ocasiones es mejor asentir, sonreír y callar. Guardar tus argumentos cuando estás ante personas con mentes pequeñas que han decidido no permitir que su inteligencia crezca. No porque no sean capaces, si no, porque simplemente, no quieren hacerlo. Esto se puede entender como: “ A palabras necias, oídos sordos” (u oídos realmente inteligentes…).

A veces la inteligencia debe hablar

Aunque en muchas ocasiones lo más inteligente ante una crítica o palabras ignorantes es el silencio, en otras ocasiones, la inteligencia debe hablar y defenderse, se ve obligada a reaccionar para poder mostrar su dignidad e integridad.

En ocasiones es necesario levantar la voz de forma asertiva, con empatía y con mucha seguridad para establecer los límites ante la ignorancia. Sobre todo cuando ésta no para de intentar rebasarlos una y otra vez… como ante las personas que intentan manipular, aquellos que intentan humillar o aquellos que intentan socavar tu felicidad.

Quien mucho discute… Poco entiende

Las personas que discuten una y otra vez solo para intentar hacer ver a otros todo lo que saben, son los que en realidad, menos entienden. Nadie tiene la verdad universal de nada y la verdad siempre estará pintada con matices. Quien intente discutir porque algo es “totalmente blanco” o “totalmente negro”, entonces muestra su inflexibilidad mental y cómo no es capaz de aceptar que la sabiduría puede tener muchos colores.

La persona inteligente no intenta ganar discusiones, ni tampoco las provoca… Una persona inteligente sabe que hay batallas que simplemente, no merece la pena batallarlas. La paz interior de uno mismo es lo que realmente importa para disfrutar de la vida y no permitir que la ignorancia no enturbie las aguas de la calma.

Quién más grita, menos razón tiene

Hay quienes creen que quién más grita es quien acaba teniendo la razón, pero es todo lo contrario. Quien más grita, solo muestra su ignorancia, su ineficacia y su frustración por no tener más herramientas (y más aceptables) para poder mostrar su pensamiento.

Discutir muchas veces solo indica la poca capacidad de razón, porque quien realmente quiere acercar posiciones, no discute… habla. Quien discute bajo el umbral de la ignorancia solo quiere crear un ambiente tóxico cargado de negatividad y tensión. Quizá son patrones aprendidos de niños pero para nada justificables. Porque igual que se aprende una mala conducta, se desaprende para aprender lo que realmente puede aportar beneficio personal y bienestar emocional.

Para que la ignorancia no se apodere de ti, es necesario entender que la vida está llena de matices y que nadie tiene la verdad absoluta en nada. Gritar no te hará más inteligente y criticar no te hará ser mejor persona. El conocimiento es poder ante cualquier circunstancia y es lo que realmente te puede empoderar ante cualquier situación.

Quien discute por tener la razón, en realidad lo ha perdido todo. Las discusiones solo alejan a las personas y muestran la ignorancia ante determinadas situaciones. Es necesario tener la mente abierta a cualquier situación, comentario… y todo aquello que sea tóxico o que esté creado para lastimar, simplemente… dejarlo pasar y que no afecte. Únicamente permitir que la voz de la sabiduría se escuche para marcar límites saludables ante esas personas que solo insisten en ser tóxicas a causa de su ignorancia escogida a voluntad.


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